«Vaya dos tontas llamándose Sépia&Calamar, vaya tontería más importante♥»

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mercredi 8 décembre 2010

Diecisiete minutos. (II)

Necesitaba saber lo que estaba pasando. Sus manos. Las de ella. Susurros que dicen más de lo que hablan. Cosquillas en la espalda. Sábanas de un colchón pequeño, enredando dos cuerpos. Gemidos ahogados. Y risas. Un beso. Otro más. Casi cincuenta y dos besos robados. Más de dos millones y medio regalados. Caricias detrás de la oreja. Aliento en el cuello. Henar, desconcertada. Miguel, intentando chaparle la boca a la cama que llevaba 406 noches empapada de lágrimas.

- ¿Te vas?
- Son casi las diez de la noche.
- ¿Pero te vas?
- Sí, pero nunca más para siempre.
- No te creo. Ahora viene cuando me despierto. Esto es un sueño, nada más.
- Ya no necesitarás soñar conmigo, te lo prometo.



Báh, promesas…

lundi 6 décembre 2010

Diecisiete minutos. (I)

Se acerca a la estantería de puntillas. La mira a través del cristal. Se relame los bigotes y Lola le achina los ojos, desafiante. En un movimiento rápido, mete la zarpa en la pecera y le da un meneo al agua. La pierde de vista y araña el vidrio.
- Mago, para. – le dice sin mirarlo.
Baja del estante de un salto y se sienta educadamente al lado de Henar. La nota triste. Maúlla y se restriega por sus piernas desnudas. Sentada mira una pared blanca, vacía, como ella. Mago afila sus uñas en ese sillón. Sabe que no debe hacerlo porque lo destroza y está esperando a que Henar le meta un grito. Prefiere eso antes que verla con la lagrimilla entre las pestañas. Nada. Hay tanto silencio en el salón que casi puede escuchar el roce de dos lágrimas paralelas cayéndole por la mejilla. Maúlla. Ronronea. Le soba los talones. Nada. Se sube en sus piernas. Le lame los puños apretados. Pone las manos en su pecho y le lame el moflete. Nada de nada. Maúlla más fuerte, pega un salto hasta la mesa y de la mesa a la estantería. Lola y sus morritos de beso, le guiña un ojo. Mago mueve la cola y le da un golpe a la pecera tirándola al suelo. Henar pega un salto y se gira.
- ¡Mago! ¡Te he dicho que pararas!
Corre a la cocina, llena un vaso de agua y mete a Lola en él. Lo deja encima de la mesa, recoge los cristales y friega el suelo.
- ¿Se puede saber en qué estabas pensando, Mago? Llego a no estar y matas a Lola.
Mago la mira y maúlla.
- ¡No me contestes! Te has quedado sin chupar la tapa de mis natillas esta noche. Y me pensaré si mañana te doy.
Mago, sonríe a Lola. Ella, metidita en el vaso, se la devuelve. Actuando, baja de la estantería renegado y se sienta en su cojín.
Henar guarda la fregona en el armario y cambia el vaso de Lola por el bol de los pasteles, grande y transparente.
- Esta noche le diré a mamá que te compre una pecera nueva. Que sea de plástico.
Lola se hace la ofendida y gruñe un poco a Mago, que las está mirando mientras se acurruca. Henar vuelve a sentarse en el sillón. Las siete y cuarenta y dos. Hace diecisiete minutos que se ha ido. Le han bastado once minutos para volver, disparar a Henar un par de veces y dejarla tirada en su casa con el corazón desmoronado en dos millones y medio de migas. Migas que si se acumularan formarían el pastel de arándanos que se comieron hace 406 días. Le encantaría poder fingir que nunca se fue. Pero no puede. Miguel no se lo merece.
Suena el timbre.
Henar se acerca a la puerta, lentamente. Abre.
- Si no lo hago, reviento.



(continuará).

mercredi 27 octobre 2010

Suenan las campanas.

Suenan las campanas.

- Buenos días, vecina. Ui, ¿las campanas a esta hora?
- Me parece que hoy enterraban a la niña del 2º B, ¿cómo se llamaba?
- Ay, no sé. Era un nombre raro. De otro país creo...
- Sí, me parece que era algo francés. Bueno, me voy que llego tarde.
- Adiós.




Suenan las campanas.

- Ponme una de cuarto.
- Mira, ahora tocan a muerto.
- Creo que es por la niña aquella morena, la que siempre iba de la mano de aquél chico tan guapo.
- Sí, Lisette creo que se llamaba. Pobrecilla...
- Era tan joven... Bueno, y ponme un redondo también.
- Toma, el cambio. Gracias.
- Adiós.




Suenan las campanas.

- ¿Y Michele?
- No ha llegado todavía.
- A estas horas, no creo que llegue.
- Puede que...
- Espero que no. Una baja ahora sería lo peor que nos podría pasar.




Suenan las campanas.

- Ven, Mago, que ya tienes la comida aquí. No, no me mires con esa cara, que Brigitte está en el cole y tardará en llegar. Sí, eso, vete a su habitación, y lo llenas todo de pelos. Asqueroso gato... ¿Ya son las doce? No puede ser.


Suenan las campanas.

- Cris, estube hablando con la Judit de lo del sábado.
- ¿Y qué te dijo?
- Que vale, pero mejor lo hablamos esta tarde en teatro.
- ¿Qué hora es?
- Las once y media. ¿Y tantas campanadas?
- Yo que sé. Puf, esta clase es eterna.


Suenan las campanas.

- Perdona, voy con las prisas y no te he visto.
- Tranquilo, no pasa nada. Anouk, ¿me escuchas? Sí, es que me acabo de chocar con un chico. Bueno, lo que te iba contando...
- Un billete para Barcelona, por favor.


Suenan las campanas.

En la iglesia. Elliot, Henar, Michele, Marc, Miguel, ... Y Lisette.











Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

mercredi 28 juillet 2010

3 de Otoño.

Un 3 de otoño. Las mangas del jersey le tapan las manos. El pañuelo negro rebosa por encima de su cuello, tapándole parte de los labios. Sus ojos negros tienen las pestañas congeladas, igual que la punta de sus largos rizos. Sentada en el tejado de su casa, el ambiente huele a humo. Está la chimenea de su casa encendida, y ella ahí fuera, pasando frío. Te fuiste. Mira hacia Ninguna Parte. ¿Qué debes estar haciendo ahora? Acaricia a su gato, que se ha sentado con ella sabiendo que necesita compañía. Supongo que cualquier cosa, menos volar. Mago ronronea, intenta distraerla. Volar está descartado. Y pensar en mi también. Brigitte le toca los bigotes y él se levanta, se queda sentado y la mira con negatividad. No Mago, no piensa en mí. Pestañea lentamente, con obviedad. No vas a convencerme. No pensó en mi cuando estaba aquí, no lo hará ahora que se ha ido. Vuelve a tumbarse, apoyando su cabeza en la pierna de ella. Le encanta que le acaricie los bigotes, desde la nariz hasta la punta. ¿Sabes? Una vez me dijo que cuando me abrazaba, volaba a otro mundo. Mago la escucha, con los ojos cerrados. La verdad es que yo también. Lo que significa que ninguno de los dos volverá a volar jamás. Mago mueve la cola y le acaricia la pierna. ¿Imaginas una vida sin poder volar? Sería cómo dormir sabiendo que no vas a soñar nunca más. Se levanta de un salto y maulla fuerte. La mira con horror. Terrible, ¿verdad? Brigitte suspira. Se abraza fregándose los brazos. Y tampoco hacía este frío cuando él estaba aquí. Al parecer se ha llevado más de lo que creía. Coge a Mago por el lomo con las dos manos y lo pone en su falda. Él apoya la cabeza sobre su tripa y da suaves golpecitos con la cola en sus rodillas. Tú... ¿me acompañarías a buscarlo a Ninguna Parte? Maulla suavemente. Entonces, escapémonos esta misma noche. Meteré cuatro cosas en la mochila gris. Mago la mira con los ojos brillantes. Sí, robaré chopped de la nevera para tí. Pero tendrás que distraer a mamá. No soportaría quedarme encerrada en casa esta noche. Te dejaré la ventana de mi habitación medio abierta. Te esperaré abajo. No te encandiles demasiado, que ya sabes cómo se recrea ella tocándote aquí, detrás de las orejitas.





Anoche me imaginé dentro de 30 años, enseñándole a mi hija Brigitte el texto que la tita Judit le escribió un agosto del 2010. Tendrías que haber visto su mirada de ilusión al girarse a contemplar a Mago, su gato negro.

dimanche 6 juin 2010

Una noche de tantas.

No puedo dormir. Mis ojos necesitan cerrarse, pero no puedo. No sé qué me pasa. No consigo concentrarme en un sueño bonito. No me viene ninguna imagen a la cabeza, ni siquiera tú. Mi habitación está en silencio. Oigo la televisión que está encendida en el comedor. Y entre los ladridos del perro del vecino, un gato canta. Al principio pienso que es una pelea de gatos arrabaleros. Pero es que la dulce voz del gato demuestra que está enamorado. Interpreta las notas con tanta delicadeza y finura que me da envidia.

Reacciono. ¿Pero qué estoy diciendo? ¿Un gato cantando? Debo haber tenido uno de esos sueños ligeros. Esos sueños que parece que sueñas despierta pero que al cabo del rato se convierte en un sueño de noche. Un gato que canta. ¡Menuda tontería! Dejo de pensar, dejando la mente en blanco. El gato canta, no era una ilusión. Tengo ganas de salir por la ventana y sentarme en el tejado, como él. Y cantar. Cantar enamorada.

Estoy muy cansada. Mis ojos se cierran solos, pero sigo consciente, atenta a la suave voz del gato. Imagino que voy caminando por el tejado, buscándolo. Hay una viga mal colocada y me tropiezo. Me da un espasmo. He vuelto a despertarme.

Ya casi estoy a punto de quedarme dormida cuando recuerdo que ya no me quedan más jokers. Que si fuese un gato, ya habría gastado mis siete vidas. Que he desojado todas las margaritas que se han cruzado en mi camino. Que ya no caen más estrellas para pedirles deseos.

Menuda noche más estresada. Quiero dormir y punto, joder. Me doy media vuelta y vuelvo a cerrar los ojos. Apareces detrás de mis párpados. Por fin, creí que nunca vendrías. Me das la mano y me ayudas a saltar al mundo de los sueños, como acostumbras a hacer todas las noches.

Esta noche te ha costado más venir a buscarme. ¿Por qué?